Este objeto tan deseado por los virtuosos de las músicas cultas, de las serenatas siempre enumeradas, de tal o cual compositor, a las que además, para confundir al profano, añaden al título, unos opus, tales o cuales. Este violonchelo viejo que encontó en un mercadillo, ambulante de cualquier ciudad, y de cualquier país, medio descompuesto, es sobre todo, mas que un instrumento, de cuerda frotada, es una insustituible compañía, para el que sabe arrancar los sutiles y delicados, sonidos que guarda dentro de su alma.
Tiene curvas de mujer amable, llena de redondeces, de insinuaciones de puntos eróticos, y que al músico que la utiliza, le hacen sentirse como en una cama caliente, llena de voluptuosidades. Sus manos que la acarician i recorren toda su epidermis, de fina madera de abeto, que el luthier o constructor, ha escogido, pensando mas, en el sonido que pueda emitir, que en las pasiones que pueda despetar, en su dueño, el músico de turno.
Y el músico de turno, no la vende ni la regala jamás. De unas manos a otras que él ha designado, como a su herdero. porqué si su ataud fuera lo suficientemente grande, para que cupiera en él, sin duda alguna que la llevaria consigo, como compañera de toda la eternidad.
Una eternidad que no sería tal eternidad, sería para siempre, la felicidad eterna.
Ahora su amada no està en su regazo, ni tampoco, la araña con sus dedos para arrancarle su dulce sonido, inimaginable para otras violas. Ahora està de pié en la silla que tiene delante de él, lo que le permite seguir contemplando su hermosura, sus curvas de mujer, y pensando en aquel luthier, que como un Dios Creador, le dio vida.
