Tesoros bajo el mar.
Aquella, mañana Jaime al que todos llamaban Jimmy, bajó muy
pronto a la playa. Eran vacaciones. Amanecía y el color naranja de las
nubes, le hizo pararse un instante, para
contemplar aquel espectáculo tantas veces admirado, pero que cada día se le
antojaba más hermoso y diferente. Con
paso decidido, sacó al agua su barquichuelo a flote y se montó en el, para ir a pescar.
Empezó por sacar las redes que tenia
dispuestas a sus pies. Era un poco tarde para pescar con red, pero nadie sabía
que lo él pretendía.
A Jimmy le ilusionaba atrapar tesoros, y para
cogerlos mejor se servía de la luz del día, no de la oscuridad. Sus peces eran
inamovibles, solo se desplazaban por las corrientes marinas, y si estas eran fuertes había que
andarse con cuidado. Pero si hacia buén tiempo salía fuera borda para coger con
las manos sus objetos. Un vestido de sirena por aquí, una brújula oxidada por allá, unas gafas
sucias y abandonadas con un cristal roto,
un reloj de paret también muy antiguo. Un
cuadro de Mirò descolorido…
Al mediodía ya no le cogían más cosas. había
cargado su barca hasta los topes y ya estaba de vuelta. Y empezó a redactar en
una libreta.
Hoy 39 garrafas de 5 l. de agua de pastico.
14 Kg de papel envoltorio de cárnicas.
35 bolsas de chuches.
Cajetillas de tabaco, un montón,
preservativos usados, ropas sin poder ni
adivinar el color… Y muchas cosas que el llamaba OSI’s, objetos sin
identificar.
Jimmy, era ecologista de nacimiento. Le impottaba
la Naturaleza en general y los peces, en particular. A su manera, los cuidaba
sacándoles del medio todos los Osi’s posibles.

