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dijous, 14 de setembre de 2017

RELATOS JUEVEROS



La mano que da la moneda.


Hay una frase que me sé desde muy pequeña. yo la repetía sin saber lo que significava. Decia esto:
Quién de  joven no trabaja de viejo duerme en la paja.
Quiero pensar que en  los tiempos que corremos,  ya no ocurre así. El que no trabaja, casi seguro, si no es un potentado o un elegido por los dioses, lo va a pasar mal. Pero el que no haya currado toda su vida para nada quiere decir que no lo haya intentado muchas veces. Me han contando, que en muchos casos, son los vicios, los que han arruinado las vidas de estos andrajosos personajes que miramos sin verles muchas veces durmiendo, en el escaparate de una zapateria,  o en un banco del parque. Llegan a este estado de degradación porque no se pueden, librar de su adición al alcohol, al juego, y el buén vivir y aparentar. También se dan algunos casos debidos a una desgracia familiar que no pueden superar. Una repentina bajada de un negocio próspero. 
Sea com sea, no puedo dejar de obsevarlos  y preguntarme, si nuestra sociedad y yo misma, no deberia de hacer más para que no hubiera pobres sin techo, sin nombre, sin cara y lo que es peor: Sin esperanza.

dimarts, 5 de setembre de 2017

LOS RELATOS DEL JUEVES

Héroes y Heroínas.

Ibso, mi querido amigo de las Islas del suroeste, nos convoca esta semana con un tema muy jugoso y muy olvidado en la literatura actual.
Voy  a narrar una historia verídica de  un soldado de mi familia  que protagonizó una escapada muy digna de mención: Pero antes me gustaría rendir homenaje a todas las personas que sobreviven con pagas  o pensiones bajísimas, pagando una hipoteca y con niños para mantener. No creo que haya más héroes o heroínas que ellos. Mi admiración  y mi profundo respeto.

 

Historia de un soldado andador. 
La niebla era muy densa, tanto que se hubiera cortado con un cuchillo, -pensó-, pero le vendría bien para su huida que en aquél momento vio como la única salvación: salir del país.  Cruzó el río y subía cuesta arriba a trompazos pues no se veía nada; Entre caída  y caída, remojón y remojón lo que vio al día después, era un sol resplandeciente que extendía toda su luz y calor por los prados verdes franceses. Notó que era ya tarde pero se sorprendió de encontrarse en un lugar tan tranquilo sin un ser viviente a su alrededor.  y que nadie le hubiera visto. Respiró aliviado y se puso a pensar como y qué era lo que tenia que hacer. Pero de pronto oyó  un ruido de gentes del otro lado de la colina.  Le pareció que eran tropas, y se escondió detrás de unos ramajes en espera de verlos pasar. A sus ojos apreció un buen número de soldados, bien ordenados y limpios como si fueran a una boda. con unas botas altas y brillantes. Alemanes!!! -se dijo- y entonces se dio cuenta que estaba bastante adentrado en territorio francés. Y siguió caminando noches enteras como un galgo, (era alto delgado con piernas fuertes) y descansando por el día, Vio asimismo los campos de concentración, en donde encerraban a los españoles que habían emigrado antes que él. Decidió que no se entregaría, por las buenas y siguió caminando. Atravesó fronteras y leyó letreros imposibles de descifrar, pero empezaba a cansarse de vivir tanto tiempo a solas y sin ningún rumbo.
Un buen día, decidió volver a casa. Confiaba que la contienda estaría ya liquidada y que si lo cogían pues…mala suerte! iría a prisión un tiempo y después para casa.
Así lo hizo. Hambriento, andrajoso, sucio, barbudo y sin zapatos, emprendió el regreso. Se había olvidado de los días que había estado caminando. 

La vuelta se le hacía interminable en aquellas condiciones. Los pies se llagaron i los tenia que envolver con trapos que robaba de algun tendedero que le venia al paso sin ser visto. Una noche viendo una luz de una casa de campo, decidió entregarse a ellos. Peor ya no lo iba a pasar. Temió asustar aquellos granjeros  pero fuere como fuere, por fin llamó a la puerta.
El dueño de la casa levantó el farol que tenia en la mano, se restregó los ojos y lanzó un grito  de júbilo que se podía oír a tres leguas. Resultó ser que el hombre era un tio carnal suyo, que se estableció allí al principio de la guerra y que el ni se enteró, porque también había perdido, el contacto con los suyos ya que la guerra le pilló haciendo la mili.
  Y allí se acabó su pesada y larga andadura.