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divendres, 13 de març de 2020

GUERREARDO EN LAS LLANURAS

El Cid  y la Puerta de Alcalá.
 

El Cid Campeador y  todas sus huestes, venían cansinos de guerrear con el moro mas allá de Valencia. No les había ido demasiado bien en la batalla, pues perdieron a varios soldado y a media docena de nobles, que atraidos por la fama del Cid decidieron ir ellos mismos a la reconquista de sus tierras. pensado que seria cosa de dos días. Pero se equivocaron y perdieron todo lo que habian apostado, mas su propia vida.
Por el camino, todos estaban callados circunspectos,  pero de pronto de se oyó una voz de los hombres de la avanzadilla que gritaba:
  —  Señor Cid,Señor mío Cid Mi amo y señor……..
  —  ¿Que dicís soldado? i hasta Babieca redujo  la marcha. i paró todo el regimiento.
  —  Miseñor, mucho me temo, Miseñor, que hemos errado el camino. No se veia ningún monte ni ninguna edificación, cuando íbamos a la batalla. Recordaís Míseñor que todo  el terreno o era llano como la palma de de la mano?
El Cid espabiló de golpe, se salió de sus pensamientos y le dijo al chico:
   —  ¿Y me dices que ahora no lo és?
   —  No mi señor, detrás de la cuesta que vereís enfrente hay una edifcacíon muy extraña, Señor. Parece un castillo y no lo és. Se parece una cabaña pero una cabaña, tampoco és. Me resulta difícil de  explicar.
Lo que es bien cierto es que antes ningúna edificación nos salió al paso.
Y el poderoso Señor ni se bajó del caballo. pensando que aquel desgraciado, había visto visones.
Anduvieron media legua más y  entonces el amo y Señor de aquel menguado ejército, se apeó de Babieca, y con toda solemnidad dijo: Miratla, miratla, Miratla os digo mis soldados. Es la puerta de Alcalá.
Y para allá se dirigieron y pasaron por debajo del su arco todos, contentos por aquel esplendoroso encuentro